sábado, 23 de julio de 2011

3° Encuentro

El sol está con ganas de brindarnos un día espectacular. Llegan Lautaro, Luciano y Axel; el abuelo los trae en su bicicleta, como lo hace es todo un misterio. Gonzalo se queja, tenía que llegar más temprano pero el colectivo pinchó una rueda con una botella rota. Mauro, Marcos y Emanuel vinieron con su papá y trajeron una propuesta de realizar junto al Grupo Scout San Carlos Borromeo de Gregorio de Laferrere actividades campamentiles: juegos, nudos, armado de carpas y cocina al aire libre.

Nos queda una semana de vacaciones y las tareas para la escuela comienzan a preocuparnos. Lucas trajo tarea de inglés, tiene que aprender los números del 1 al 10.

Luego la estrella de “Remontando Mundos” fue la nueva adquisición, un charango traído directamente desde Tilcara (Jujuy). Como todos quieren tocarlo, nos turnamos. La guitarra siempre está disponible y Adrián sugiere armar un bombo con un tacho y cinta de embalar.

“Acá no hay recreo?” reclaman los más grandes; salimos a jugar 10 minutos, que se extienden a 15 porque apareció una pelota. Aldo comienza a preparar los elementos y recorre la Huerta.

Armamos almácigos con acelga, espinaca, lechuga y petunia, que tiene las semillas tan pequeñas que casi no se ven.

Para Tango sacamos el equipo de música con mucho cuidado (lo tomamos prestado del Cec); buscamos el alargue, enchufamos los parlantes y suena “Libertango”. “A mi me gusta la cumbia” dice Marcos, así y todo se anima y baila breakdance con música de Piazzola. El paso básico y vencer la vergüenza son los temas del día.

“Ojos azules no llores…” canta y enseña Adrián; a Mauro se le ocurre una canción con esa melodía y la canta rasgueando la guitarra:

“Dónde vas

Para viajar.

Dónde vas

Para ir”.

Se rompen 2 palillos del bombo (ramitas secas forradas en la punta con cinta de embalar) porque le pegan con demasiadas ganas.

La tarde está tan linda que dan ganas de quedarse. María Ester limpia y guarda todo después de la merienda. Eso de quedarse es un buen proyecto para cuando vengan los días de primavera, al padre de los mellizos le brillan los ojos y se compromete a conseguir las carpas que hagan falta.

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