Hay 2 alternativas, avisamos que se suspende la jornada o sacamos algunas mesas y salimos al ruedo. Se impone la segunda opción y comienzan los problemas: No hay almuerzo; el desayuno está preparado pese a todo. No hay baños disponibles; el casero nos permite utilizar su baño. Hay mucho barro; todas las actividades se realizarán en las galerías.
Llegan los primeros valientes cerca delas 10 hs, sabemos que no será una jornada muy concurrida. Desayunamos, nos disponemos a realizar las tareas y cada uno comenta su experiencia con las piedras; nadie quiere que vuelvan a caer; no es como la lluvia “que borra la maldad y lava todas las heridas del alma”, sugiere Spinetta. Se repiten las historias de techos rotos, ropa mojada y frío. Avisamos a los padres que hoy nos vamos más temprano, a las 15 hs y no a las 16 hs como siempre.
Cantamos algunas canciones que trajo Adrián fotocopiadas, para aprender las letras. Para bailar tangos nos arreglamos con un grabadorcito próximo a jubilarse. Aldo nos informa que la huerta, a simple vista, está destruida.
Hay días en los que nos dejamos llevar plácidamente por la vida, otros, como el de hoy, donde hay que remar para no retroceder. Ya vendrán sábados mejores.
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