Es un día para estar al aire libre, precioso. Nos preguntamos si no sería conveniente para el desayuno y para la merienda leche con chocolate.
Adri y Vivi, las Maestras Comunitarias, necesitan una mano de Patri (maestra y encargada del Taller de Tango), chicos nuevos, tareas nuevas. Mauro está leyendo mejor, se siente más seguro con las palabras. Hubo variedad de textos, cada chico elegía uno y leía, otros narraban lo que observaban. Separar en sílabas, clasificación de palabras y muchas divisiones fueron las tareas de Gonzalo.
Fidel armó temprano la mesa de ping pong, juegan juntos niñas y niños.
"Se trenzaron y no eran chinchu" dijo Adrián cuando se pelearon Lautaro y Gonzalo, son primos y a veces hay poca paciencia entre ellos.
Ya son notables los resultados del trabajo en la Huerta, se plantaron tomates y limpiaron otro nuevo espacio. Las lechugas crecen con ganas; esperamos ansiosos los brotes de ají, rabanitos y ciboullette. Daniela trajo libritos para compartir, uno tiene recomendaciones para la huerta y Aldo se alegra del compromiso con su taller.
Almorzamos hamburguesas caseras con lechuga, tomate y una salsita que preparó Adrián. Dos vecinas se acercaron con el postre, recorrieron la huerta, charlan con todos y nos dejaron un riquísimo flan casero.
En Tango se practica mucho el ocho, en parejas, con sillas, mesas, todo vale para aprenderlo.
"Cuántas guitarras, quién trajo tantas?", pregunta Claudio. Es que compramos 3 y teníamos 2 prestadas, así que se armó una orquesta. Aparece un problema, las cuerdas están colocadas para chicos diestros y Diego es zurdo. Ya le vamos a encontrar la vuelta.
Algunos preguntan si hay merienda. Si, claro, María Ester está en eso, ya falta poquito.
Llega el momento de despedirnos, que no es un momento triste porque sabemos que pronto nos volveremos a ver.




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